8 de diciembre de 2011

Gran esencia


El recuerdo más remoto que tengo sobre Juan Pablo II fue en el año 1990, cuando visitó por segunda vez México. Tengo presente cuando fue un hecho que visitaría Zacatecas y (como siempre lo he sido, una amante de las biografías de personajes remarcables) me puse insaciablemente a leer sobre su vida. Incluso llegué a memorizarla: "Karol Wojtyla nació en Wadowice, un pueblecito del sur en Polonia, el 18 de mayo de 1920. Sus padres, Karol y Emilia...".

Me resultaba fascinante que un hombre, de tierras tan lejanas, llegara a la mía y todo el país estuviera volcado hacia su visita. Y más aún, cuando gracias a mi tío el sacerdote, mi familia y yo tuvimos la gran fortuna de estar en el aeropuerto como parte del grupo de recibimiento al Papa. Mi mente de niña no alcanzaba a digerir la magnitud de lo que estaría a punto de vivir...

Desde las 4am llegamos al aeropuerto, pases en mano y quizás hacia las 7am nos dieron el acceso al que sería el lugar de espera en la pista de aterrizaje. Alfombra, música, vallas, periodistas, seguridad...y sobre todo, un júbilo insaciable que nos hizo "ensayar" sin parar (como buenos mexicanos) toda clase de porras hacia su Santidad: "¡Se ve, se siente, el Papa está presente!, ¡A la bio, a la bao, a la bim bom ba, el Papa el Papa, ra ra ra!".

De repente, después de tan calurosa espera, vemos que el avión se acerca. Los gritos, la emoción, las porras en una sola voz. Aterriza; más gritos, más júbilo...y aparece en la puerta tan anhelada visita. Ahí, todas y cada una de las porras se nos olvidaron, intentamos cantar la canción de "Amigo" y no lo logramos. Quedamos deslumbrados, sin aliento, sobrecogidos por su radiante presencia.

Baja la escalera y decide desviarse del camino para saludar al grupo. Un séquito de camarógrafos lo rodeaba. Y él, sin dudarlo, saluda, toca, regala rosarios. Conforme se acercaba a cada uno las lágrimas rodaban. Una emoción incalculable e indescriptible llena a todos. Pasan algunos minutos y se acerca hacia nosotros. Alguien le dice: "Su Santidad, este niño lo quiere saludar" y voltea hacia mi hermano, quien había sido golpeado en la cara por una de las tantas cámaras presentes. Mi mamá lo carga, el Papa le limpia las lágrimas, lo besa en la frente y yo, parada al lado, recibo una caricia en la cara y un beso en la frente, sí, ¡del Papa!

La alegría, la emoción, el amor, la gratitud mezclados todos en un sólo sentimiento...

De ahí, fue trasladado a donde daría una misa multitudinaria.

Años después, cuando viví la primera vez en Europa, una amiga y yo viajamos a Italia (un viaje del que luego hablaré) teniendo como parada obligada el Vaticano. Era el 14 de febrero del 2002. Gracias a otros amigos mexicanos, logramos entrar a una de las audiencias públicas del Papa.

Este fue mi segundo encuentro con él. Los años ya se notaban en su físico. Ya no se movía por su propio pie. En esta ocasión, no pude tocarlo. Era trasladado en esa pequeña plataforma donde iba parado, sostenido de los barrotes. Sin embargo, la emoción fue la misma. Su presencia llenaba ese gran espacio.

Y casi 10 años después, hace unos cuantos días, llega mi tercer encuentro con él. La gran diferencia es que él ya ha muerto. Es a través de sus reliquias que mi espíritu se vuelve a sobrecoger.

Una pequeña botella que guarda un poco de su sangre es llevada a todo México, exhibida en una figura de cera réplica del cuerpo sin vida del Papa. Parecía que se estuviera viendo su ataúd.

Mi madre y yo vamos a la misa concelebrada en honor a la presencia de sus reliquias. La gente no para de cantar "Amigo" y las lágrimas aparecen otra vez. Religiosos, políticos, obreros, empresarios, adultos y niños, no hay nadie que se resista a ser parte del evento.

Es imposible no darse cuenta (siendo creyente o no) del arrastre que tuvo y sigue teniendo. En vida tocó al mundo entero y cambió el rumbo de la historia. En muerte, el beato Juan Pablo II hace milagros y hace que, por un momento (deliciosamente exquisito), se olviden las diferencias y volvamos a tener esperanza.

"En realidad, todas las cosas, todos los acontecimientos, para quien sabe leerlos con profundidad, encierran un mensaje que, en definitiva, remite a Dios."  Juan Pablo II

11 comentarios:

  1. Precioso Prima, de Verdad fuimos bendecidos. Felicidades :)

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    1. Una gran bendición, primo. Increíble.
      Gracias por tu comentario.

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  2. Gracias por trasladarnos a ese momento por un minuto.

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    1. Gracias a ti por dedicarlo al blog. :)

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  3. Precioso. Que privilegio el tuyo.

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  4. lucy de verdad te felicito, eres excelente persona y tu lectura es apasionante, y gracias a Dios q nos hizo afortunados de ver de cerca al beato juan pablo II y yo creo que Dios quiere que nuestro mexico ya este en calma y en paz. oremos pues para que asi sea.

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    1. Que así sea, LTG.
      Gracias por tus lindas palabras.

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  5. Hemos sido afortunados de haberlo tenido cerca. Esa sí que ha sido una experiencia religiosa.
    ¡Gracias por sus palabras!
    :)

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  6. Yo tuve la fortuna de verlo cerca, no la gran bendicion de tocarlo, pero si de verlo y es un momento que guardo y que de solo recordarlo me alegra, me llena de energia, de amor, es que irradiaba tanta luz y energia, señal de una fuerza espiritual y de amor tan tan grande que despues de haber sentido eso de pequeña, es imposible no creer. Que bonito que lo compartas, un abrazo Lucy!

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    1. Tienes razón. Después de haberlo visto y de haber sentido semejante vibra es imposible no creer.
      Muchas gracias por tu comentario.

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