3 de noviembre de 2014

Taj Tashi Hotel


El camino hacia Timpu fue el preámbulo para el excepcional hotel que nos esperaba. En ningún momento me imaginé un alojamiento de semejante envergadura en medio del valle. Conservando el estilo tradicional de la arquitectura butanesa y toques de modernidad mezclados con el exquisito servicio oriental, nos recibieron esta vez no con un collar de flores, sino con un tipo de chal blanco con el que nos envolvieron. 

Kinga inmediatamente se encargó de que todo el check-in fluyera. En cuestión de 2 minutos, me vi sentada en la inmensa área de recepción y con una bandeja con té butanés listo para ser probado. Lo hice. Era una bebida reconfortante, con un sabor mezclado entre hierbas frescas (tipo hierbabuena y menta) con jazmín y un ligero toque dulzón. Lo recuerdo tibio.

Luego, recorrimos un poco las áreas comunes más cercanas. Cada una de ellas da una sensación de amplitud, cuidado y a la vez acogimiento. El restaurante igualmente amplio con el techo alto, muy alto, con unos espectaculares ventanales que se convierten en un marco para el inigualable paisaje. 

En el exterior nos esperaba un monje para darnos una bienvenida ceremonial. Nos ataron un hilo amarillo en la muñeca de la mano. En teoría, debía durar puesto 3 días para que se cumpliera un deseo que en la ceremonia pedimos. Uf, el mío lo logró con trabajo. Afuera, paralelamente a nuestra bienvenida, se desarrollaba una entrevista de televisión para la BBC de Londres, según nos dijeron en el hotel. Esos periodistas fueron los únicos otros huéspedes que vimos en ese primer día en el hotel. ¡Los únicos y en el exterior! 

El hotel es enorme, bello, tradicional en su concepción pero moderno en la ejecución con una ubicación privilegiada, en pleno centro de Timpu. La sensación de estar solos permaneció, aunque nos dijeron que la ocupación era del 80%. ¿Dónde estaban los demás huéspedes? Poco importaba, ¡sentíamos tenerlo todo para nosotros!

Privilegio.


Taj Tashi


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